El barrio Lagos de Castilla de la localidad de Keneddy, es otra muestra de las zonas de invasión de la ciudad. Está conformado por 385 predios donde habitan 900 familias y tiene la particularidad de que una gran parte de las viviendas de esta barrio están construidas sobre terreno considerado como humedal.
Los humedales son ecosistemas comunes en la ciudad de Bogotá y constituyen un agente regulador ecológico, que gracias a su permeabilidad, evita inundaciones, tan abundantes en la ciudad.
En el caso del que hablamos, el de Lagos de Castilla y el Humedal del Techo, el barrio se inicio en 1991 cuando el predio de mayor extensión se subdividió y se vendieron 467 lotes que conforman la urbanización y que contaban con todos los servicios públicos necesarios, tales como “electricidad, acueducto, alcantarillado, teléfono y vías internas pavimentadas”, según los vecinos.
Actualmente todos los vecinos cuentan con registro de propiedad e incluso muchos construyen con fondos y ayudas del Estado y del Ejército, sorprendéntemente sobre terrenos considerados humedal por parte de las autoridades. Los vecinos se sienten robados, ya que, en la delimitación del humedal perdieron parte de sus predios. ¿Por qué siguen construyendo los vecinos? Porque tienen registro de propiedad de sus tierras, porque a pesar de ser teóricamente “ilegal” saben que la Administración será lenta y no les impedirá vivir en “su tierra” y porque si no lo hacen ellos llegará otro y construirá aún detrás de sus tierras, robándole nuevos metros al humedal. Además sienten la indignación de que grandes constructoras de grandes edificios pasen indemnes.
Físicamente tan solo una valla metálica, estropeada en algunos casos, divide el humedal del barrio y los vecinos piden que esa frontera sea la que considere la administración como delimitación del ecosistema y no más allá, dónde hay construcciones. De esa forma sus casas dejarían de estar sobre terreno conflictivo y podrían ser legales.
El ambiente entre la comunidad oscila entre la incredulidad y la resignación. Aún así siguen luchando desde hace una década, participando en mesas de trabajo interinstitucional, colaborando en los estudios del suelo y cuidando del humedal contra invasores que puedan producir la contaminación de éste. Esperemos que esta lucha tenga su fruto y que no se repitan procesos burocráticos infructuosos que, lejos de dar soluciones, delega el problema de una institución a otra indefinidamente.















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